miércoles, 13 de abril de 2011

SOMOS GUARANGOS Y A MUCHA HONRA

Cuando éramos chicos los que hoy día peinamos canas (evidentes o teñidas) a la mayoría de los capitalinos nos prohibían hablar en guaraní. Tanto en nuestras casas como en las escuelas, el guaraní estaba "proscripto" y en su carácter de proscripto rebelde, lo aprendíamos porque igual lo escuchábamos en todas partes, y si bien hablábamos siempre en castellano (porque nos lo imponían), solíamos susurrar en guaraní. Era divertido, y tenía ese atractivo que tienen las prohibiciones y la magia de nuestras cosas, ésas que persisten porque nosotros somos eso, porque venimos de eso. Lo que a muchos y muchas nos valió unas golpizas de Dios y Señor Padre, aquello de susurrar en guaraní.
El guaraní siempre fue el idioma natural de Paraguay. En el interior, nadie se cuestionaba sobre eso, porque se vivía, rezaba, odiaba y amaba en guaraní, que simplemente ES nuestra lengua, por eso. En la capital, en ese entonces creían -por falta de formación y por prejuicio- que el guaraní dificultaba al castellano, idioma éste que, como era la lengua de los "conquistadores", parecía alejarnos (eso nos decían) de nuestros orígenes y acercarnos a los dominadores. A los que FUERON dominadores, a los que avasallaron, mataron, violaron y robaron, pero no pudieron cambiar nuestras raíces.
En las escuelas, uno que otro reglazo de la maestra nos solía recordar que estábamos siendo GUARANGOS y que terminaríamos HABLANDO MAL el castellano. Solíamos jugar en guaraní, entonces. Y retarnos en guaraní, entre niños y quizás, escuchar sucedidos en nuestro dulce idioma, de boca de algún abuelo guarango, si teníamos la suerte de tenerlo.
Nuestros padres no lograron "castellanizarnos" como querían. Es decir, del todo no. Los que fuimos reprimidos en procura de matar a palos el guaraní, terminamos hablando ciertamente un castellano... rociado de palabras y frases en ava ñe'ê, de ahí el jopara (la fusión de ambos idiomas). Y luego, con el tiempo, fuimos sacando el guaraní que teníamos dentro, a borbotones y por derecho de origen. Como si hubieran dinamitado un dique, sencillamente porque siempre estuvo en nosotros. Cuando la razón primó sobre la estupidez, Paraguay se declaró PAÍS BILINGÜE y en las escuelas y colegios se empezó a enseñar guaraní. Como siempre debió ser.
Este proceso tuvo su costo. Un porcentaje -aunque mínimo- de esos chicos de entonces, creen aún que el guaraní "entorpece" el buen hablar castellano, y por tanto, niegan que ENTIENDEN guaraní aunque no lo hablan. No podrían manejarse en Paraguay fácilmente, si así no fuera. Acá la mayoría habla exclusivamente guaraní, aunque en la escuela se aprende también castellano. Del resto, la mayor parte se maneja en castellano, es decir, responden en este idioma y preguntan, sin problemas porque entienden a su interlocutor que les habla en el idioma originario. Así que somos un pueblo BILINGÜE y mayoritariamente hablamos guaraní.
Los que -por razones de trabajo, por ejemplo- estamos más acostumbrarnos a hablar castellano, de todos modos aprovechamos cualquier oportunidad para volver a nuestra riquísima y verdadera lengua madre. No es igual un poema en guaraní (o una canción, un piropo, un lamento, invocación, rezo, káso, insulto, pukarâ) que en castellano o en cualquier otro idioma. Para los paraguayos, el guaraní es el legado que recibimos, y es nuestro propio ser, nuestro hogar, nuestro orgullo.
Paraguay siempre se distinguió por ser un país hospitalario, y seguimos siendo así, por eso no solemos comprender que nuestros compatriotas sean discriminados en ciertos países... ¿por qué lo serían? Los paraguayos y paraguayas nos tomamos muy en serio la nacionalidad, pero también sabemos que nuestra gran patria es Latinoamérica y que todos somos hijos de Dios, amo hapópe. No hay extranjero que pueda sentirse excluído o discriminado en Paraguay, no lo son y no tienen porqué serlo, desde luego. Ellos terminan teniendo más amigos/as acá que en sus países, y en muchos casos terminan casados/as con paraguayos/as.
Pero somos quisquillosos y con razón, cuando viene alguien de afuera con total irrespeto por nuestro idioma originario. El guaraní que además es oficial, lo que significa, ofendiendo a quienes le han recibido con la mejor disposición. ¿Debemos permitir que pisotee nuestra cultura un prepotente cualquiera? Ya no, ya nunca más. El buen espíritu paraguayo hace años se cansó de ser humillado, y conoce su valor. Así que, a quien no le guste oír hablar en guaraní, o lo considere una lengua inferior, le recomendamos que apronte valija y vuelva a su país, porque aquí, TODOS SOMOS GUARANGOS, Y ASÍ NOS GUSTA SER. Entendéa.

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